Ritmos y creación
Muchos proyectos nacen y mueren en el intento de plasmar algo que sea novedoso para sus integrantes. Hay etapas en la conformación de un espacio que sólo se pueden observar con la participación activa en el mismo.
Estas etapas son de alguna manera las capas que conforman la base estructural de la ecoaldea.
La interacción en un grupo de personas va a dar como principal resultado la disolución de la fantasía de sus mismos integrantes.
No hay manera de estabilizar de una manera coherente las diferentes perspectivas de cada integrante. La única manera coherente de interactuar es dejando las propias expectativas para el afuera. El trabajo debe ser individual e interno.
No hay acompañamiento posible que sirva para el crecimiento personal, que es libre, sin maestros ni gurúes.
Se puede compartir, ese debe ser el destino de nuestros esfuerzos. Esta es una opinión personal.
No creo que haya a cierto nivel de introspección una manera de bajar línea a otra persona.
El milagro de compartir debe ser lo buscado por los seres que deseen evolucionar.
Para eso trabajamos muchos integrantes de este proyecto.
Para compartir momentos que nos den la posibilidad de crecer como individuos.
Momentos que están interconectados con el devenir de la vida. Se comparte una frecuencia que se puede tomar o dejar. Puesto que el libre albedrío es primordial. Hay mucho por hacer y crecer. Pero de eso se trata el crecimiento individual.
Se deben ver esos pequeños indicios donde uno busca la manera de observar lo que nos queda lejos de nuestro alcance. Dejar fluir las emociones y ver eso que se nos muestra aunque no lo podamos comprender.
Cambiar los registros físicos sociales y modificar las maneras de vincularnos con el entorno.
Todo esto debe ser hecho de una manera práctica. Debe realizarse
en el concreto. Hay que dejar la teoría y poner las manos y los pies en la
tierra.
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